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08
Dic
08

columna: Nabucodonosor contra Mickey Mouse, GUILLERMO GIACOSA

Si Woody Allen condujera los destinos de los EE.UU., las bromas que este país se juega a sí mismo y al resto de la humanidad serían más exitosas o, al menos, generarían risas y no lágrimas. Más allá de demorar a miles de personas en sus aeropuertos, incluidos personajes como Edward Kennedy o el músico Cat Stevens, convertido al islamismo, que, finalmente, fue devuelto al Reino Unido en compañía de su hijita, también tiene en su lista de terroristas a hombres ilustrísimos, como Nelson Mandela, o a mandatarios democráticamente elegidos, como Evo Morales. No faltan tampoco algunos bebés de uno o dos años –como sabemos, edad ideal para comenzar prácticas terroristas–.

Pero, en este show permanente de ingenio y creatividad que ha caracterizado al desgobierno de Bush, la última novedad es la creación de una sucursal de Disneylandia en Bagdad, en el interior de la Zona Verde donde, de tanto en tanto, cae una lluvia de morteros u otros juguetes explosivos. Este peligro constituirá, sin duda, un atractivo suplementario para quienes visiten esta maravillosa burla a un país desangrado. Los gringos, que durante su invasión destruyeron o permitieron la destrucción de zonas y bienes arqueológicos vinculados al nacimiento de nuestra civilización, suplantarán, generosamente, aquellas ruinas viejas y aburridas por las fenomenales expresiones de divertimento tecnológico que representa Disneylandia.
Algo así como un enfrentamiento cara a cara entre Nabucodonosor y Mickey Mouse, entre el Código de Hammurabi y las instrucciones para subir a la Montaña Rusa. La maravillosa Puerta de Ishtar (diosa babilónica del amor, el sexo y la guerra), que los soldados gringos han depredado, competirá ahora con el portal de entrada del nuevo templo del entretenimiento, y el Camino Procesional, que data de hace 2,600 años y que conducía al palacio del rey, se verá disminuido frente a canchitas de golf con pasto sintético. No me extrañará, en absoluto, que los antiguos babilonios dispongan de un lugar especial, algo así como un parque temático hecho con el respeto histórico que los gringos siempre han mostrado, desde Hollywood hasta su Departamento de Estado, por las culturas foráneas. Dicen que el capo militar gringo, general Petraeus, está entusiasmado con la llegada de Disneylandia a Bagdad. Es una señal de que “cosas buenas están pasando en Irak”. Para el intelectual canadiense Chossudovsky, “el parque de diversiones es parte integral de la propaganda de guerra”. Afirma que “sirve para mantener la legitimidad de los invasores y sus valores culturales. El objetivo es reemplazar la realidad con un mundo de sueños”.

¿Tendrá Disneylandia suficiente magia para que los iraquíes olviden los millones de muertos, refugiados y discapacitados, las torturas de Abu Ghraib, el aumento del cáncer en los niños, la destrucción del patrimonio genético de miles de hombres y mujeres, su ciudad capital destruida y con servicios médicos medievales?
No creo, pero tampoco creo que Bush y sus payasos imaginen algo más inteligente y menos ofensivo.
autor: GUILLERMO GIACOSA
medio: PERÚ 21/ publicado: 5 DE AGOSTO DE 2008/ fuente web: REFLEXIÓN PRAGMÁTICA
22
Oct
08

columna: Crisis y pensamiento mágico, GUILLERMO GIACOSA

Hace algunas décadas Uganda, país del África Oriental, padeció el enfrentamiento de dos de sus grupos étnicos más importantes. Uno de ellos era liderado por un brujo que afirmaba haber confeccionado unos talismanes que hacían invulnerables a sus guerreros. Su discurso era tan convincente como estimulante para quienes irían a la guerra. Sin embargo, en una suerte de mini-Armagedon entre ambas etnias, los poseedores del talismán de la invulnerabilidad recibieron una soberbia paliza y gran parte de sus convencidos luchadores quedaron tendidos en el campo de batalla. A pesar de semejante desmentido de la realidad, la fama de su brujo no sufrió mella. Los vencidos, junto con los familiares de los compañeros muertos, no interpretaron que habían sido engañados. Solo pensaron que los rivales habían tenido la suerte de poseer un talismán más poderoso. En antropología aprendemos que el ‘pensamiento mágico’ siempre se cierra de una manera aparentemente racional para justificar sus creencias.
Otra historia similar data del año mil y tiene como héroe a Nasredin Hodsha, un mítico personaje cuya fama se extendió desde el África del Norte hasta la India. Poseía Nasredin un burro al que amaba. Su mujer exigió que compraran una vaca y, contra su voluntad, nuestro hombre debió acceder para no soportar la cólera de su cónyuge. Desde entonces, el burro y la vaca debieron compartir el pequeño establo y Nasredin no cesó de rogar a Alá que “hiciera morir la vaca”. Una mañana, al entrar al establo, se dio con la sorpresa de que quien había muerto era el burro. Indignado, clamó al cielo: “Alá, hace millones de años que eres Dios y no sabes distinguir entre una vaca y un burro”. Una vez más, el ‘pensamiento mágico’ se cierra sin que la creencia sea lesionada.
Lo mismo ocurre en la actualidad con la crisis económico-financiera que está maltratando los nervios y los bolsillos de sectores otrora superprivilegiados. El ‘pensamiento mágico’ que, en este caso, no lo interpreta un talismán, ni los ruegos por la muerte de una vaca, lo encarna un sistema económico basado en el mercado y la desregulación que, a pesar de los fracasos estrepitosos producidos, sigue siendo considerado –como el talismán o la fe en Alá– la única alternativa viable.
Los críticos y los cronistas de la crisis actual parecen incapaces de aventurar respuestas que excedan el marco conceptual en la que los encierra las teorías en boga. Ni qué decir de las autoridades estadounidenses, quienes han pasado del absoluto laissez-faire a un proteccionismo casi soviético sin que asome, siquiera, la sombra de una crítica a las bases ideológicas que condujeron a un desastre cuyo fondo aún no se avizora.
En suma, el pensamiento mágico, cultivado con todo derecho por quienes profesan las distintas religiones, se ha trasladado al campo de la economía como, quizá, la única forma de enfrentar la coyuntura sin que la inmensidad de su fracaso melle sus posibilidades de seguir lucrando irracionalmente cuando la crisis sea superada, si es que tal cosa ha de ocurrir.
AUTOR: GUILLERMO GIACOSA/ MEDIO: PERÚ 21/ PUBLICADO: 19 DE SETIEMBRE DE 2008



de vuelta al ruedo

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