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Ima Súmac ha muerto en un asilo de Los Ángeles. Un comunicado pretende decir que se fue de este mundo “rodeada de los que la amaban”, cuando todo indica que dio el paso entre las brumas del calmante opiáceo que le aliviaba el dolor y las voces apagadas de los que no estuvieron.
Cuando se hizo norteamericana en 1955, muchos peruanos idiotas la maldijeron. No entendieron que para ella era un asunto de impuestos e inmuebles, de cuentas y cargas. Tampoco entendieron que Ima Súmac no necesitaba el pasaporte nativo porque tenía la nacionalidad en la pelambre de cometa negro, en los pómulos de ídolo de arcilla y hasta en ese talento suyo para construirse una leyenda.
Su biografía oficial era una retahila de mentiras maravillosas y trampas cazabobos. Por supuesto que no descendía de Atahualpa como aseguraba manoseando los collares de oro y plata con que se presentaba a las entrevistas, por supuesto que no era sacerdotisa ni virgen del sol ni vestal sobreviviente o reencarnada, por supuesto que Moisés Vivanco no esperó a que ella tuviese 20 años para desposarla, por supuesto que no había nacido en 1927 y por supuesto que no se llamaba Ima Súmac.
Había nacido en Cajamarca en 1922, había pastoreado en Ichocán y había sido descubierta en una función musical escolar por un folklorista cazafortunas que la sedujo tempranamente, le cambió el nombre y las maneras, la emparentó con la dinastía que terminó en Atahualpa y la lanzó a la fama de los cuatro vientos más como una ave canora que como la mujer prodigiosa que era.
Ese folklorista que la hizo mujer en plena minoría de edad y la construyó mito sobre mito se llamó Moisés Vivanco y con él –y también gracias a él- la diva de la voz de oro llegó a Hollywood, se hizo rica y famosa, protagonizó la espantosa película “Secreto de los incas” (con Charlton Heston y otras ruinas), deslumbró a la crítica con el registro de estalactita de su voz y puso sus manos de peruana única en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.
Por los años 50, Ima Súmac –nacida Zoila Chávarri del Castillo- era una de las engreidas del sello “Capitol” y no había año que no lanzase un éxito destinado a dejar boquiabiertos a quienes adoraban sus coloraturas de ave amatoria (o de “soprano alada”, como gustaba que la llamaran).
En los 60, sin embargo, llegaron los tiempos de borrasca. Moisés Vivanco tuvo que fugar de los Estados Unidos por haber evadido el pago de impuestos y a la pena de esa separación Ima Súmac sumó una noticia que envenenó para siempre esa relación: su creador y empresario, su marido y contador, había tenido hijos gemelos con la secretaria que ella había saludado cada mañana de los últimos años.
Para esa época, el primer hijo de la cantante –Papuchka Charlie- tenía diez años de edad.
Una gira por Europa y Rusia –invitada por el propio Nikita Kruschev, es cierto- reunió artificialmente a la pareja, que terminaría separándose definitivamente en 1965. Vivanco se fue a terminar de envejecer a España y la cantante continuó su carrera en los Estados Unidos. Tendría todavía algunos éxitos clamorosos, incluyendo el tardío LP “Miracles”, una vasta recopilación de sus mayores hazañas canoras que se lanzó al mercado en 1972.
Hace dos años estuvo en el Perú para ser condecorada por el gobierno de Toledo y por la universidad de San Marcos. Venía después de 30 años gracias a una gestión de Miguel Molinari y se encontró con un país en el que sólo los muy viejos la reconocían. Aun así tuvo corazón para llorar ante esos aplausos que se habían demorado décadas.
Dicen que en el hotel donde se alojó los quince días furtivos que nos visitó, Ima Súmac pidió una radio a transistores porque quería comprobar si lo que le habían dicho era cierto: que en el país que había dejado (y no dejado) en 1944 –fue el año que se fue a Buenos Aires para cantar en Radio Belgrano- la música que invadía casi todo el dial era un combo de guitarras eléctricas y voces recién bajadas de los árboles, de cumbias rebajadas y letras sin ortografía, de chapulines y chapis y princesitas luciendo sayonaras y caries en clave de sol. Dicen que comprobó todo eso y se puso más triste de lo que había venido.
No era para menos.
autor: CÉSAR HILDEBRANDT
medio: LA PRIMERA/ publicado: 4 DE NOVIEMBRE DE 2008/ fuente web: CÉSAR HILDEBRANDT.BLOGGER
sobre el tema: HEDUARDO en HOJAS DE VIDA
Entre la rosa y la historia
eligió la historia de la rosa.
No lo entendieron.
No es normal hablar sobre las rosas.
No se estila dedicarle a la rosa
sonetos gongorinos
ni andar por la vida con la barba crecida,
con el gusto por los muchachos en flor,
la vieja gabardina cual velamen
de balsa a la deriva.
Tenía algas enredadas en la barba
y dos volcanes apagados en vez de ojos
y voz de mar cansado
y un método para ser triste y no pedir tregua
y otro para contar mentiras en gerundio
y un último para ser procaz
y jamás disculparse
y una irresistible vocación por
el trastero del idioma
y los enrevesadores del sentido
y unas ganas urgentes por orinar donde estaba prohibido.
La cordura de los asesinos y ladrones
que pueblan la historia y detestan las rosas
terminó de matarlo.
eligió la historia de la rosa.
No lo entendieron.
No es normal hablar sobre las rosas.
No se estila dedicarle a la rosa
sonetos gongorinos
ni andar por la vida con la barba crecida,
con el gusto por los muchachos en flor,
la vieja gabardina cual velamen
de balsa a la deriva.
Tenía algas enredadas en la barba
y dos volcanes apagados en vez de ojos
y voz de mar cansado
y un método para ser triste y no pedir tregua
y otro para contar mentiras en gerundio
y un último para ser procaz
y jamás disculparse
y una irresistible vocación por
el trastero del idioma
y los enrevesadores del sentido
y unas ganas urgentes por orinar donde estaba prohibido.
La cordura de los asesinos y ladrones
que pueblan la historia y detestan las rosas
terminó de matarlo.
autor: CÉSAR HILDEBRANDT
medio: DIARIO LA PRIMERA/ punlicado: 1 DE SETIEMBRE DE 2008/ fuente web: CÉSAR HILDEBRANDT. BLOGGER
sobre el tema: en PERÚ 21: EL EXQUISITO INDIGENTE/ en LA REPÚBLICA: CIEN AÑOS DE LUZ POÉTICA/ en EL COMERCIO: LA INACCESIBLE SOLEDAD, LA HERÉTICA DE MARTÍN ADÁN, RECUERDOS DE RAFAEL, TRAVESÍAS EN DE LO BARROCO EN EL PERÚ, LA ESCRITURA DE LA REVELACIÓN/ en AMORES BIZARROS: CENTENARIO DE MARTÍN ADÁN/ en PURGATÓRICAS: CENTENARIO DE MARTÍN ADÁN
nota NUNCA ESCRITA: A propósito del centenario del nacimiento de Rafel de la Fuente, mañana 27 de octubre d 2008.
No fui justo con Fernando Belaunde Terry. No fuimos justos. No le perdonamos nada.
Y ahora que la política peruana parece a veces un muladar es bueno recordar lo mejor del legado de Belaunde: su probada honradez, su incapacidad para la rapiña.
Belaunde murió en un departamento de 50,000 dólares que, años atrás, había comprado Violeta Correa, la compañera de toda la vida.
Belaunde había vendido su casa de Inca Rípac, en Jesús María, y había hecho lo mismo con su departamento playero en la playa La Honda. Parte de ese dinero se lo había ido gastando en pequeños gustos y con lo que quedó -más la ayuda de algunos populistas- había accedido a un departamento mesocrático, amoblado sin ninguna demasía.
Pero pasada su segunda presidencia, más que octogenario, vendió esa última propiedad, obtuvo por ella 90,000 dólares y repartió ese dinero entre sus tres hijos. Sabía que la muerte lo había empezado a rondar.
Por esos años, Violeta había recibido una escueta herencia. Con ese dinero –unos 50,000 dólares- compró el piso donde ambos vivirían lo que les quedaba de vida y donde ella se moriría –porque la muerte siempre es una traición- antes que Belaunde.
Dicen que Belaunde jamás pensó que sobreviviría a quien había sido la mujer que lo sacó de la pena y lo liberó de la sonrisita limeña. Dicen que quedó devastado y que miró la muerte como un modo de reunirse con Violeta. En el entierro de su mujer, el arreglo floral que le dedicó tenía encima una tarjeta sencilla con una sola frase escrita con caracteres de anuncio: “¡Espérame!”
De Belaunde se puede decir que no hizo esto y que omitió aquello, que permitió la proximidad de los PPK y las mañas de Ulloa y las representaciones de Rodríguez Pastor. Se puede decir también que “la conquista del Perú por los peruanos” sonaba a campanario antiguo y a tautología de bandera. Y hasta puede decirse que con Belaunde el arte de cerrar los ojos a la realidad adquirió ribetes de tragicomedia. Le sucedió cuando llamó abigeos a los guerrilleros de los 60 y cuando reincidió en algún adjetivo bandoleril en el momento en que Sendero asomó su sangrienta pezuña.

Pero también habría que decir –y no se dijo a tiempo, no lo supimos decir a tiempo- que Belaunde reivindicó la serenidad del centro, la naturalidad del justo medio, el pragmatismo tranquilo del sentido común. Porque este hombre de modales pensados y hablares de lavanda jamás fue tentado por ningún extremo. La mesura fue su gran pasión.
Y lo más importante: Belaunde no tocó un centavo del tesoro público, no se hizo rico en la presidencia de la República, no se ensució en contabilidades invisibles ni firmó declaraciones juradas plagadas de mentiras.
Y hoy que la política peruana consagra la impunidad y azuza el saqueo -desde los pollos de un pobre diablo llamado Anaya hasta los negocios de aguas servidas próximos a consumarse en lo de Taboada-, hoy es preciso decirle a los jóvenes que la política de este país supo también de gente decente que llegó al poder sin dinero y salió del poder sin dinero. Sin dinero pero con honor.
Y es bueno que lo escriba un periodista que fue implacable con Fernando Belaunde. Un periodista que hoy extraña a rabiar esa perseverancia en el decoro que hoy agiganta su figura.
AUTOR: CÉSAR HILDEBRANDT
MEDIO: DIARIO LA PRIMERA/ PUBLICADO: 21 DE SETIEMBRE DE 2008/ FUENTE WEB: CÉSAR HILDEBRANDT. BLOGGER
SOBRE EL TEMA: en EL ARQUITECTO PERUANO/ en POLÍTIKA/ en AGENCIAPERU.COM/ en ACCIÓN POPULAR/ en WIKIPEDIA
nota NUNCA ESCRITA: A propósito del natalicio de Fernando Belaunde, ocurrido el 7 de octubre de 1912, y de cumplirse cuarenta años del golpe de 1968.




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