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12
Nov
08

columna: Si Obama se atreviera, CÉSAR HILDEBRANDT

¿Quién es Barak Obama, el probable próximo presidente de los Estados Unidos?
Dicen que es el Kennedy del nuevo siglo. Yo digo que ojalá no lo sea. Kennedy terminó sobrepasado por lo más oscuro del Pentágono y ordenando la invasión de Cuba, lo que arrastraría al mundo, meses después, a la crisis de los misiles y a la inminencia de la guerra nuclear.
Dicen que sería un gran cambio en la política exterior norteamericana. Me pregunto si un gran cambio consiste en llamar “Estados parias” a Irán, Siria, Cuba y Venezuela. Y esos son los términos que emplea Obama.
¿O será un gran cambio plantear que Estados Unidos cuente con 25,000 infantes de marina adicionales y 65,000 efectivos terrestres de más? Y eso es lo que plantea Obama.
Dudo de que sea un gran cambio apostar “por la energía limpia del etanol” para reducir la dependencia petrolera, o decir que el flujo de indocumentados debería empezar a cortarse empezando con 500,000 inmigrantes menos durante el primer año de su mandato. Como senador, Barak Obama no votó en contra del muro fronterizo que, erizado de cámaras y púas, se levantó en contra de México.

Dice Obama que cerrará la cárcel de Guantánamo y que devolverá el hábeas corpus al disminuido pueblo norteamericano, pero resulta que la Suprema Corte acaba de sentenciar en ese sentido obligando a Bush a respetar los derechos humanos de los prisioneros del enclave en territorio cubano. Adicionalmente, el candidato que derrotó a Hillary Clinton no ha tomado distancia de la pena de muerte.

Es cierto que se opuso a la guerra en Irak, pero lo paradójico es que no ha prometido un retiro inmediato de las tropas invasoras sino uno ralentizado, programado inicialmente para dieciséis meses, y de ningún modo total “porque necesitamos tener capacidad de ataque sobre las bases de Al Qaeda que puedan todavía estar allí”. Además, si bien es cierto que se opuso a la guerra en el 2003, al año siguiente votó a favor de incrementar el presupuesto para sostenerla.
Y si de temas domésticos se trata, basta un ejemplo: Obama pasó de postular el seguro de salud universal (41 millones de estadounidenses carecen de seguro médico) a expresar cada vez más dudas sobre el financiamiento del proyecto. Y en el camino no se atrevió a condenar el orden impuesto por las empresas que ganan billones con la privatización de la salud impulsada por Reagan y continuada por la dinastía texana que ha puesto a los Estados Unidos donde está (en la más grave de sus crisis tras el derrumbe de la bolsa de 1929).
Y si el ejemplo de la cobertura sanitaria no bastara, miremos lo que empezó como “la crisis de las hipotecas”. Creo no exagerar si digo que en este momento no hay un solo analista norteamericano que nos pueda decir qué se propone hacer Barak Obama con una economía edematosa que parece ir a la deriva rumbo a una tormenta mayor. Obama saca la cara por la clase media y dice que las políticas republicanas han favorecido a los ricos, pero no se atreve a decir que esa política se tomó al dictado de los intereses de las grandes corporaciones, las depositarias del verdadero poder.
El gasto público -que debió reducirse en la visión conservadora de un Estado cada día más delgado- se ha incrementado en 64% gracias a Bush y sus guerras. Obama ha planteado 50,000 millones de dólares adicionales a los 170,000 millones ya gastados por Bush en ayudas tributarias para el americano medio asfixiado por las hipotecas. ¿Se saneará así una economía que vive de los excesos y parece alimentarse sólo de sus déficits? Lo más valioso en este capítulo es la promesa de Barak Obama de anular las últimas rebajas de Bush a las tasas impositivas del 5% más rico de la población, aunque no se han señalado todavía plazos y montos.
A mí la verdad que Barak Obama me cae muy bien pero no me despierta ningún entusiasmo.
El problema es que no importa lo que diga en la campaña electoral o cuán original luzca en un programa de la televisión. Lo que importa es hasta dónde podrá llegar si llega a ser presidente de los Estados Unidos. Es decir, hasta dónde se le permitirá ir.
Porque Estados Unidos no se gobierna: se hereda a piñón fijo.
Si Obama pretendiera salirse del libreto de las corporaciones, si osara cambiar la partitura interminable de los “enormes intereses” que han terminado por roer y contaminar lo que fue la mayor democracia del mundo, supongo que, en ese momento, sería invitado a Dallas. Allí, algún Lee Harvey Oswald de ocasión y tecnológicamente actualizado, se encargaría de convertirlo en mártir y en residente de Arlington.
Porque en Estados Unidos, como se sabe, no hay golpes de Estado tercermundistas. En ese país que alguna vez tuvo la razón y fue de veras agente de la libertad frente al fascismo, a los presidentes incómodos los matan. Así hicieron con John Kennedy cuando estaba a punto de decidir que no habría escalada en Vietnam. A su hermano Robert, en cambio, lo mataron en el camino a la presidencia. Eso es más barato y limpio. Y esto que en esa época “el complejo militar-industrial”, que Eisenhower vio claramente como una amenaza, estaba todavía en pañales. Hoy es casi un poder absoluto.
medio: LA PRIMERA/ publicado: 21 DE JUNIO DE 2008
08
Nov
08

quinto: política ficción

EL COMPLICADO SISTEMA ELECTORAL INDIRECTO ESTADOUNIDENSE.
Finalmente, el senador demócrata por Íllinois Barack Obama, obtuvo la presidencia de los Estados Unidos de América, una república federal. Lo logró al asegurarse 364 votos electorales, frente a los 162 seguros de su contendor republicano John McCain. Sin embargo, si revisamos el voto popular, Obama obtuvo solo un estrecho margen de 6,11%.

Hace cuatro años, en una columna publicada en El Comercio (2/11/2004), el ex jefe de la Onpe y politólogo* Fernando Tuesta Soldevilla, a propósito de la disputa Kerry-Bush, cuestionaba: ¿Por qué quien obtenga más votos en las elecciones presidenciales estadounidenses no necesariamente deban ganar el puesto de mayor poder en el mundo?”. Es por la naturaleza particular del sistema norteamericano.
Explicaba Tuesta:
En Estados Unidos el ciudadano no vota directamente por un candidato a la presidencia. El sistema es de votación indirecta. El triunfo en la elección presidencial no es el producto de la suma de los votos de los ciudadanos, sino por la de llamados electores. Estos electores forman parte de una tradición constitucional estadounidense, llamada Colegio Electoral, y que se utilizaba en los inicios de la democracia en otros países. (…) A cada estado se le asigna un número de electores que es igual al número de representantes (equivalente a diputados) y senadores. En total suman 538 incluidos los tres del Distrito de Columbia. El partido que gana -así sea por voto- obtiene todas las bancadas de los electores en dicho estado. No se reparten proporcionalmente. Por ello matemáticamente un partido puede tener un mayor número de votos en todo el país y, sin embargo, no haber ganado un suficiente número de electores. Estos 538 se reúnen en diciembre en cada estado y votan por los candidatos presidenciales. Gana el candidato que obtiene por lo menos 270 votos. (…) Esta particular forma de elección, que para algunos puede parecer incluso injusta, solo la tenemos en EE.UU.
En la República Peruana, la primera constitución –que nunca rigió plenamente- establecía colegios de parroquia en los que se reuniesen los ciudadanos para designar a sus electores (uno por cada doscientos ciudadanos;); se deberían reunir luego los colegios electorales de provincia, en los que los electores votasen por los diputados al Congreso unicameral (uno por cada dos mil almas**), por los miembros del Senado Conservador y por los diputados departamentales. Le correspondía al Congreso elegir al ciudadano presidente. Según anota Marcial Rubio, vicerrector académico de la PUCP, desde la Constitución de 1828 y “hasta antes de la Constitución de 1856, el presidente de la República era elegido por colegios electorales, es decir, en forma indirecta. A partir de ella y sin marcha atrás posterior, se estableció el sufragio directo***. Hasta la carta de 1979, cuando se introduce la figura de la segunda vuelta, “si no se cumplía con los requisitos mínimos de votación exigidos, la votación la hacía el Congreso de la República***. Recuérdese la elección que se iba a realizar el 28 de julio de 1962.

Para hacer un interesante ejercicio de política ficción (pol-fi), podemos aplicar los principios del sistema estadounidense a los resultados la lección presidencial peruana de 2006 en segunda vuelta. Imaginemos entonces que, como en los ‘Yunáites‘, para elegir a un presidente debiéramos convocar a otro Congreso con ese único fin. Alan García obtuvo mayoría en los distritos electorales de: Áncash, Callao, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Pasco, Piura, Tumbes y Ucayali (apenas 10 de 25 circunscripciones); mientras Ollanta Humala la obtuvo en: Amazonas, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Junín, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Puno, San Martín y Tacna. Dadas estas estadísticas, García habría alcanzado 72 electores cuando solo hubiera necesitado 61. El Dr. García habría podido no hacer campaña en las quince regiones que ganó Humala e inclusive perder en Pasco o en Ucayali o en Áncash, y aún así se habría hecho del sillón de Pizarro. En cambio, es seguro que García Pérez no habría podido ganar en nuestro sistema sin todos aquellos votos que obtuvo en esas quince circunscripciones, sobre todo si tomamos en cuenta lo disputado de la elección (52,625% – 47,375%).

El sistema, con más de doscientos años a cuestas, tiene entre las ideas que le dan forma el darle protagonismo a los estados que conforman la llamada Unión Americana. Tuesta concluía: “Pero si bien es un sistema que ha funcionado bien históricamente, sin embargo, si vuelve a ocurrir igual que en el 2000, en donde Bush ganó en número de electores, más no fue favorecido por el voto popular, puede pasar a ser un sistema que empiece a ser ya no un elemento estabilizador, sino perturbador”. Yo, por mi parte, creo firmemente en la simpleza de “un ciudadano – un voto”.
nota NN: * Uso “politólogo” porque está presente en el DRAE, pero coincido con Marco Aurelio Denegri en tanto dicha palabra es etimológicamente un mamarracho, lo correcto sería “politicólogo“./ ** Artículo 41º de la Constitución de 1823./ *** Enciclopedia Temática del Perú, TOMO IV: Organización del Estado, Marcial Rubio Correa. Lima, Orbis Ventures, 2004.
06
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humor: OBAMA WINS!, Daryl Cagle

autor: DARYL CAGLE

22
Oct
08

cuarto: amarillismo sensacional

El amarillísimo Homero Simpson (Homer Simpson) de la deliciosa Los Simpson (The Simpsons) ya hizo públicas sus preferencias electorales recientemente. El conocido H. Jay Simpson -cuyo nombre, en inglés, es casi como “Homero Jota Simpson”- votó, o al menos intentó hacerlo, por el candidato demócrata, Barack Hussein Obama, el Tío Zam-bo (Caretas díxit) en un reciente capítulo de su vigésima (¡vigésima!) temporada.
Los responsables de la realización de la popular teleserie animada han afirmado que no es su intención hacer proselitismo político, sino poner sobre el tapete la efectividad y confiabilidad de la votación electrónica que se usa en los EUA. Ocurre que Homero ha decidido votar por el afroamericano -”it’s time for a change“, dice-; al no poder ingresar a las cabinas comunes, debe usar una especial para su voluminosidad. Es ahí cuando nuestro héroe marca un voto para el partido del burrito y la máquina dice “one vote for John McCain” (un voto para McCain); tras varias pulsaciones compulsivas, la máquina pronuncia “six votes for President McCain” (seis para el PRESIDENTE McCain). Digamos que es una duda razonable la que se plantea, habría que tomarla en cuenta acá donde se está intentarlo implantarlo y donde ya se hicieron los primeros experimentos en el Callao.
Sin embargo, es poco probable que los autores del serial no incline sus propias preferencias por Obama, “el cambio en el que los estadounidenses pueden creer“, “el cambio que nosotros (ellos) necesitamos(-an)”. Es, sin duda, la opción menos mala para la presidencia del país constituido único polo del este mundo unipolar. El bipartidismo estadounidense, sin embargo, es horriblemente asfixiante -como lo es también de trágico y de penoso nuestro caudillismo-, y algunos lo han definido como un sistema unipartidista disfrazado. Los republicanos pueden ser identificados con un sector de derecha y extrema derecha -esta última, nunca más conchudamente encarnada que en Sarah Palin-; mientras que los demócratas son el sector de centro y centro derecha, los que pueden ser identificados como los liberales.
Se suele decir que el presidente de los EUA es el hombre más poderoso del mundo; sin embargo, ¿cuánto campo de acción tiene? Muy, muy limitado en realidad. “Porque en Estados Unidos, como se sabe, no hay golpes de Estado tercermundistas. En ese país que alguna vez tuvo la razón y fue de veras agente de la libertad frente al fascismo, a los presidentes incómodos los matan. Así hicieron con John Kennedy cuando estaba a punto de decidir que no habría escalada en Vietnam” (César Hildebrandt, La Primera, 21/7/2008). Como también lo ha dicho Guillermo Giacosa, si yo tuviera que votar, lo haría por Obama, pero no me despierta demasías expectativas de cambio. Sería, eso sí, increíble que tras ocho espantosos años de pésima gestión de Bush, McCain ganase. Hasta hace poco, mientras estaban prácticamente empatados, era claro que ello favorecería al octogenario: en una sociedad tan racista como la norteamericana, existe voto anti-Obama escondido –como el Apra lo tuvo a favor-.
 

Los demócratas suelen ganar en los estados más urbanos e instruidos, donde el liberalismo prima; los republicanos, en cambio, suelen capitalizar al “norteamericano promedio”, el conservador, el blanco, anglosajón y protestante (WASP), el belicista, el creacionista. Es por ello que es significativo que Homero vote por Obama; si bien la serie ha tratado particularmente mal a los republicanos –alguna vez representados por Bob Patiño-, ya es otra cosa que Homero (¡Homero! [“d’oh!”]) quiera un cambio.
Por otra parte, en un capítulo aun más reciente, la familia de Springfield ha visitado nuestro país y nuestra más resaltante maravilla: la maravillosa ciudadela de Machu Picchu. La presentan muy bien, Machu Picchu se ve magnífico. Y Homero come –no chaccha- coca. Existen algunas imprecisiones históricas aceptables, digamos que hicieron su tarea un poquito mejor que Spielberg-Lucas. Además, los principales errores se presentan dentro de sueños, que los hace justificables.




de vuelta al ruedo

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