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28
Nov
08

columna: Cómo hacer más eficiente el presidencialismo, JUAN PAREDES CASTRO

Comúnmente reconocemos en el presidente Alan García al jefe de Gobierno y menos perceptiblemente, en la práctica, al jefe de Estado, cuando debería ser al revés.
En efecto, el presidente debiera ser más un jefe de Estado que un jefe de Gobierno, cargo este que bien tendría que ser administrativamente asumido cada vez más por el primer ministro.
De esta manera el presidente evitaría desgastes propios del día a día gubernamental y se recostaría en la reserva de confianza pública que por lo general entraña una jefatura de Estado.
Como ha ocurrido con sus predecesores, García también encarna a la nación, constitucionalmente.
Por lo visto, nuestro sistema presidencialista le asigna así toda una trinidad de poderes. Y claro que depende de él saberla usar y administrar en un solo puño o más democráticamente, delegándola.

Las necesidades de desconcentración del poder en el país aconsejan, sin embargo, encontrar en nuestro sistema presidencialista fórmulas adecuadas de distribución de funciones y tareas capaces de hacerlo más útil y eficiente.
Con la experiencia de haber cedido algunos tramos de poder en lo que va del ejercicio de su régimen, en su primer ministro de turno, el ahora renunciante Jorge del Castillo, García ha sentado el buen precedente de lo que se supone delegar el gobierno del día a día y de reivindicar la jefatura de Estado.
En vísperas de la designación del reemplazante de Jorge del Castillo y de la consiguiente recomposición del Gabinete Ministerial, García tiene que hacer más nítida esa separación de roles, que por supuesto no tiene que estar en función del ejercicio del poder por el poder sino de la administración eficiente del Gobierno y del Estado, en sus respectivas competencias.
Si bien esta separación de roles debería formar parte de una eventual futura reforma constitucional, su práctica por delegación viene a constituir una salida importante y decisiva al problema de un presidencialismo monocéntrico que termina por morderse la cola.
Una buena separación de roles, entre jefatura de Gobierno y jefatura de Estado contribuirá por último a un mejor balance de poderes y a una mejor relación del Ejecutivo con los demás poderes públicos, como el Congreso y el Poder Judicial.
Desde una real y efectiva jefatura de Estado García estará en mejores condiciones para generar los horizontes de mediano y largo plazo que necesita el país y de los que el gobierno del día a día se desentiende todo el tiempo por la propia absorción de sus energías.
autor: JUAN PAREDES CASTRO
medio: EL COMERCIO/ publicado: 11 DE OCTUBRE DE 2008
08
Nov
08

quinto: política ficción

EL COMPLICADO SISTEMA ELECTORAL INDIRECTO ESTADOUNIDENSE.
Finalmente, el senador demócrata por Íllinois Barack Obama, obtuvo la presidencia de los Estados Unidos de América, una república federal. Lo logró al asegurarse 364 votos electorales, frente a los 162 seguros de su contendor republicano John McCain. Sin embargo, si revisamos el voto popular, Obama obtuvo solo un estrecho margen de 6,11%.

Hace cuatro años, en una columna publicada en El Comercio (2/11/2004), el ex jefe de la Onpe y politólogo* Fernando Tuesta Soldevilla, a propósito de la disputa Kerry-Bush, cuestionaba: ¿Por qué quien obtenga más votos en las elecciones presidenciales estadounidenses no necesariamente deban ganar el puesto de mayor poder en el mundo?”. Es por la naturaleza particular del sistema norteamericano.
Explicaba Tuesta:
En Estados Unidos el ciudadano no vota directamente por un candidato a la presidencia. El sistema es de votación indirecta. El triunfo en la elección presidencial no es el producto de la suma de los votos de los ciudadanos, sino por la de llamados electores. Estos electores forman parte de una tradición constitucional estadounidense, llamada Colegio Electoral, y que se utilizaba en los inicios de la democracia en otros países. (…) A cada estado se le asigna un número de electores que es igual al número de representantes (equivalente a diputados) y senadores. En total suman 538 incluidos los tres del Distrito de Columbia. El partido que gana -así sea por voto- obtiene todas las bancadas de los electores en dicho estado. No se reparten proporcionalmente. Por ello matemáticamente un partido puede tener un mayor número de votos en todo el país y, sin embargo, no haber ganado un suficiente número de electores. Estos 538 se reúnen en diciembre en cada estado y votan por los candidatos presidenciales. Gana el candidato que obtiene por lo menos 270 votos. (…) Esta particular forma de elección, que para algunos puede parecer incluso injusta, solo la tenemos en EE.UU.
En la República Peruana, la primera constitución –que nunca rigió plenamente- establecía colegios de parroquia en los que se reuniesen los ciudadanos para designar a sus electores (uno por cada doscientos ciudadanos;); se deberían reunir luego los colegios electorales de provincia, en los que los electores votasen por los diputados al Congreso unicameral (uno por cada dos mil almas**), por los miembros del Senado Conservador y por los diputados departamentales. Le correspondía al Congreso elegir al ciudadano presidente. Según anota Marcial Rubio, vicerrector académico de la PUCP, desde la Constitución de 1828 y “hasta antes de la Constitución de 1856, el presidente de la República era elegido por colegios electorales, es decir, en forma indirecta. A partir de ella y sin marcha atrás posterior, se estableció el sufragio directo***. Hasta la carta de 1979, cuando se introduce la figura de la segunda vuelta, “si no se cumplía con los requisitos mínimos de votación exigidos, la votación la hacía el Congreso de la República***. Recuérdese la elección que se iba a realizar el 28 de julio de 1962.

Para hacer un interesante ejercicio de política ficción (pol-fi), podemos aplicar los principios del sistema estadounidense a los resultados la lección presidencial peruana de 2006 en segunda vuelta. Imaginemos entonces que, como en los ‘Yunáites‘, para elegir a un presidente debiéramos convocar a otro Congreso con ese único fin. Alan García obtuvo mayoría en los distritos electorales de: Áncash, Callao, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Pasco, Piura, Tumbes y Ucayali (apenas 10 de 25 circunscripciones); mientras Ollanta Humala la obtuvo en: Amazonas, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Junín, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Puno, San Martín y Tacna. Dadas estas estadísticas, García habría alcanzado 72 electores cuando solo hubiera necesitado 61. El Dr. García habría podido no hacer campaña en las quince regiones que ganó Humala e inclusive perder en Pasco o en Ucayali o en Áncash, y aún así se habría hecho del sillón de Pizarro. En cambio, es seguro que García Pérez no habría podido ganar en nuestro sistema sin todos aquellos votos que obtuvo en esas quince circunscripciones, sobre todo si tomamos en cuenta lo disputado de la elección (52,625% – 47,375%).

El sistema, con más de doscientos años a cuestas, tiene entre las ideas que le dan forma el darle protagonismo a los estados que conforman la llamada Unión Americana. Tuesta concluía: “Pero si bien es un sistema que ha funcionado bien históricamente, sin embargo, si vuelve a ocurrir igual que en el 2000, en donde Bush ganó en número de electores, más no fue favorecido por el voto popular, puede pasar a ser un sistema que empiece a ser ya no un elemento estabilizador, sino perturbador”. Yo, por mi parte, creo firmemente en la simpleza de “un ciudadano – un voto”.
nota NN: * Uso “politólogo” porque está presente en el DRAE, pero coincido con Marco Aurelio Denegri en tanto dicha palabra es etimológicamente un mamarracho, lo correcto sería “politicólogo“./ ** Artículo 41º de la Constitución de 1823./ *** Enciclopedia Temática del Perú, TOMO IV: Organización del Estado, Marcial Rubio Correa. Lima, Orbis Ventures, 2004.
22
Oct
08

columna: Haya de la Torre y Velasco Alvarado según García, NELSON MANRIQUE

En su libro La revolución constructiva del aprismo. Teoría y práctica de la modernidad (Lima, 2008), Alan García busca demostrar que su viraje hacia el neoliberalismo constituye un retorno hacia las verdaderas posiciones de Haya de la Torre.
Argumenta García que Haya de la Torre era un abierto enemigo de las reformas de Velasco Alvarado, mientras que los apristas -en primera línea Alan García- cometieron el error de leer la revolución militar como la “realización de lo que había propuesto el Apra desde 1931“.
Esto habría llevado a que “adoptaran como propias las estatizaciones, el modelo colectivista en la agricultura y el manejo estatal del comercio de muchos servicios y bienes” (104-105). El resultado fue que se compraron el proyecto de Velasco Alvarado, un modelo y conceptos que eran “totalmente ajenos a la ideología de Haya y su trabajo dialéctico”. Así, el primer gobierno de Alan García “resultó más velasquista que hayista” (108). García reniega hoy de su apostasía y enmienda rumbos virando hacia el sano neoliberalismo.

En verdad, Haya de la Torre sostuvo públicamente posiciones contrarias a lo que afirma Alan García. En febrero de 1970, en el Día de la Fraternidad, reclamó la paternidad intelectual de las reformas que realizaban los militares, protestando porque estos no reconocían la deuda intelectual que le tenían: “Debemos estar insatisfechos porque no es manera, aceleradamente y furtivamente, de llevar esas ideas adelante y de esconderlas, sobre todo ocultando su origen y procedencia (“75 años en la vida de un líder”. Diario La Prensa. 7 Días del Perú y del Mundo. Nº 609, 22 de febrero de 1970). Lo mismo sostenía un año después: “nosotros estamos de acuerdo con una sana transformación del Perú, con un cambio que preconizamos siempre y por el cual fuimos perseguidos y se nos dijo extremistas, desleales y hasta antiperuanos” (“Por pedir lo que ahora se hace, fuimos perseguidos y acosados, afirma Haya”. Última Hora. Suplemento Político Sábado, 20 de febrero de 1971). Siguiendo su propio razonamiento, Alan García, al ser “velasquista” durante su primer gobierno, era pues ortodoxamente hayista.

Alan García presenta hoy a Haya, además de profeta, como un precursor del entreguismo neoliberal. Pero es injusto endilgar a Haya claudicaciones de las que solo él debería responder: “Seamos sinceros -declaraba Haya-: todo esto va en transición hacia un futuro de socialismo; pero mientras tanto los capitalistas tienen derechos” (“Lo que no dijo Haya de la Torre (Primera Parte)”. Caretas. Nº 431, marzo 3 de diciembre de 1971).
medio: PERÚ 21/ publicado: 7 DE ABRIL DE 2008
22
Oct
08

tercero: humo y fetidez

EL BOMBERO SE QUEMÓ. Finalmente, Jorge del Castillo dejó el Ejecutivo tras el ‘escandaloso escándalo’ de corrupción, ya conocido como PETROGATE. Fue una semana tormentosa, en la que el gabinete hacía agua y el premier echaba humo de estarse quemando a fuego lento.
La sensación que queda tras esta crisis es la de una horrible sordidez, en la que nada está suficientemente claro. La denuncia se hizo pública el domingo en Cu4rto Poder (Am. TV), pero los audios –es evidente- ya se venían traficando -o vendiendo- con anterioridad. Muchos intereses, oscuros y maliciosos en su mayoría, han actuado tras bambalinas.
Están los asquerosos apristas –León-Químper- que cometieron los actos de corrupción en la concesión de lotes petroleros. Sin embargo, ¿quién los grabó? Quien lo haya hecho, violó sus derechos constitucionales, le corresponde al Poder Judicial evaluar el peso jurídico de una prueba ilegalmente obtenida. Las especulaciones apuntan a Petro-Tech, la empresa directamente afectada por el arreglo con Discover Petroleum (habría sido un gesto apropiado de Rosa María Palacios [Prensa Libre, Am. TV], mencionar que su esposo está estrechamente vinculado con Petro-Tech). La versión de Químper es que Canaán se asoció con Petro-Tech. Otros, por el contrario, creen que el mismo Mininter de Alva Castro estuvo implicado en este asunto.
El humeante Del Castillo mencionó que los audios habían sido maliciosamente editados, lo que es obvio. Alguien se tomó el tiempo de grabar y escuchar todas las conversaciones de las ‘ratas’, y las editó adecuadamente para minar explosivamente a unos –como el premier-, no tocar a tantos otros –corren apuestas- y dejar limpio al presidente García.
El gran denunciante, Fernando Rospigliosi, cuyas razones para hacerlo serían su ‘excelso deber periodístico’ y la revancha por su censura como ministro, ha afirmado que los audios se los dejaron en su puerta (¿?). Según dicha versión, el remitente habría sido ‘Fernando Santo Domingo’, un operador oscuro que ya los medios han bautizado como ”estampilla profunda’.
Luego vienen los actores políticos; salvo la desmentida ‘pepita’ sobre Flores, parece que la oposición sí ha actuado cuando el chupo ya había reventado. Es evidente que Humala y Flores actuaron oportunista e irresponsablemente, pero estaban en su derecho. En el caso de los fujimoristas, quienes tenían en Del Castillo a su más importante contrario en el gobierno –a diferencia de los vicepresidentes fujimoristas y las alianzas en el Congreso-, esto debe haber sabido a manjar. La reduciada AP quizá quiso tomar revancha por el quinquenio 63-68, en el que el Apra se trajo abajo a seis gabinetes belaundistas. Si bien PP apoyó la censura, no queda clara la posición de Alejandro Toledo. Finalmente, dentro del mismo partido aprista, pese a la consternación por el escándalo y la preocupación por el régimen alanista, no pocos dirigentes habrán estado deseosos de la caída del ‘bombero’ y no pocos militantes la habrán visto como la oportunidad –hoy fallida- de que sea un gobierno verdaderamente del partido.
Del Castillo fue un buen primer ministro, era lo que Raúl Díez Canseco debió ser para Toledo; no obstante, era ya necesario un gran cambio en el gabinete. Quizá habría sido más digno entregar el cargo en fiestas patrias. Del Castillo rescató el diálogo y el buen humor, pero también la coherencia y el respeto por las conviciones personales; demostró que, contrariamente a lo que se suele pensar, el premier debe ser un político, un hombre con respaldo partidario y congresal. El jueves, el gabinete se disponía a realizar uno de los actos más dignos, dadas las circunstancias: acudir al Congreso y, en uso de sus facultades constitucionales, pedir dar explicaciones en ese mismo momento para proceder a solicitar la confianza del Parlamento. Era lo que correspondía, el gabinete daría explicaciones y sería censurado; pero ‘Jorgito’ perdió los papeles, pero los congresistas se corrieron dizque ofendidos y quizá temiendo censurar al bombero –el próximo premier habría podido hacer cuestión de confianza sobre cualquier cosa y ellos habrían tenido que aceptarla a menos que desearan irse a sus casas, para ellos también era mejor forzar el cambio por decisión presidencial-.
CARICATURA: ALFREDO MARCOS
22
Oct
08

rebote: sobre todo si la nación está tan gorda, FRASES PUCP


¿Qué significa que el Presidente de la República personifica a la Nación? Pobre la primera dama, porque eso de acostarse con la nación todas las noches debe ser complicado“.

- Henry Pease (Reforma del Estado) en picaresca diatriba constitucional.

22
Oct
08

columna: Escenario del 2011, CÉSAR HILDEBRANDT

Si el Perú fuera un país menos aluvional, en la derecha del 2011 estaría Rafael Belaunde, que tiene ideas y las tiene claras, compitiendo con Yehude Simon, que podría encarnar una socialdemocracia de los tiempos de Google.
Pero como aquí la cacasenería es una vieja inmortal tipo Ña Catita, seguro que tendremos a
Luis Castañeda Lossio, el mudo del SAT, por un lado, y a algún inverosímil clon de Ollanta Humala, por el otro.

Castañeda Lossio ha precipitado insolentemente la ruptura de Unidad Nacional porque quizá ya tenga en la mochila el acuerdo con Alan García para el 2011.
Ese contrato mataría dos pájaros de un tiro: haría posible la elección de un continuista ortodoxo como el alcalde de Lima y abortaría las ambiciones presidenciales de Jorge del Castillo.
García no quiere a Jorge del Castillo. Y menos lo quiere como candidato. Lo querría si estuviese convencido de su derrota (como lo estuvo con Luis Alva Castro en 1990). El problema es que Del Castillo podría ganar. Y eso es algo que el narcisismo alanista no está dispuesto a tolerar.
Un Castañeda respaldado por la maquinaria nacional del Apra –cada vez más un PRI andino- tendría grandes oportunidades de hacerse con el poder. A no ser que el Apra se declarase en rebeldía, desacatase la voz del caudillo y apoyase al candidato que surgiera de las primarias del 2010. Pero esto implicaría un clima de beligerancias y desgarros que podría hacer temblar la relativa estabilidad de la economía.
Como un aporte surrealista y provocador a las profecías sobre el 2011,
Carlos Ferrero ha previsto ayer una plancha Castañeda-Keiko-Del Castillo, que sería algo así como la versión tumoral de la “Convivencia” de 1956. Es un modo de decir que los escrúpulos de García son lo suficientemente escasos como para proponerle a Del Castillo ser segundón de Keiko, lo que, en la biografía del Apra, podría llamarse el broche de oro de la promiscuidad.

Pero ese vaticinio tragicómico exigiría el suicidio a lo Mishima de Jorge del Castillo, alguien que sigue construyendo, con paciencia y buen humor, su búnker personal de cara al 2011.

Si Castañeda fuera el candidato alanista-aprista, Lourdes Flores la representante posiblemente redundante del centro-derecha, Alejandro Toledo el hombre con experiencia “que tú ya conoces” y Humberto Lay (o alguien parecido) el sobrero infaltable, al centro-izquierda le bastaría con un candidato de polendas para pasar a la segunda vuelta y convertirse en una opción de cambio que no atemorice sino que, más bien, alivie. Cambio que, a esas alturas de la crisis internacional, sonará a música celestial para millones de electores.
Claro, se me dirá, pero ya no está Barrantes. Pero es que Barrantes nunca fue serio, a pesar de su éxito, su carisma, su bonhomía y su talento. Barrantes inventó el barrantismo, que lo que aportó a las ideas fue un buen vaso de leche en polvo. Y eso de “la izquierda unida jamás será vencida” era para sacarle pica a Hugo Blanco, que fue su bestia negra.
Y después de Barrantes, mucho después, llegó Ollanta Humala, que es un buen hombre y un pésimo candidato. Humala patentó el humalismo, que es algo así como frasear el malestar pero sin saber adónde se quiere llegar.
Barrantes era una federación de urgencias. Humala es un chilcano de furias. Pero ambos, en el poder, no hubieran salido del día a día. Y a ambos los atormentaba un zafarrancho de ideas que los hacía contradecirse cada semana.
Y, sin embargo, el Perú necesita dotarse de un candidato que no esté en el tablero de los Romero y los Miró Quesada, un candidato de las izquierdas renovadas. Yo no sé si a Yehude Simon le alcanza el cuero para la tarea. Lo que sí sé es que es el único que se ha atrevido a proponer un par de novedades en la grasienta agenda política del poder regional.
Como no sé, de igual modo, si Rafael Belaunde tendrá ganas de repetir el itinerario de candidato programático en un país que vota muchas veces por los cromos y los miedos mediáticos. Lo que sí sé es que él es de las pocas cosas buenas y prometedoras que le han ocurrido a la política peruana. ¡Y pensar que estuvo callado tantos años sólo por no contrariar a su padre!
En todo caso, ojalá gente como Simon o Belaunde ventilen el aire pasmado y acaroso que nos envenena. Es que o nos renovamos o tendremos al picapedrero Castañeda haciendo de las suyas (pero en grande) en el 2011. Y con Marquito Parra de Contralor General, cómo no.

PUBLICADO: VIERNES PRIMERO DE AGOSTO DE 2008, DIARIO LA PRIMERA.



de vuelta al ruedo

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