Archivos para la Categoría 'personajes'

05
Dic
08

columna: La voz a ti debida, CÉSAR HILDEBRANDT

Ima Súmac ha muerto en un asilo de Los Ángeles. Un comunicado pretende decir que se fue de este mundo “rodeada de los que la amaban”, cuando todo indica que dio el paso entre las brumas del calmante opiáceo que le aliviaba el dolor y las voces apagadas de los que no estuvieron.
Cuando se hizo norteamericana en 1955, muchos peruanos idiotas la maldijeron. No entendieron que para ella era un asunto de impuestos e inmuebles, de cuentas y cargas. Tampoco entendieron que Ima Súmac no necesitaba el pasaporte nativo porque tenía la nacionalidad en la pelambre de cometa negro, en los pómulos de ídolo de arcilla y hasta en ese talento suyo para construirse una leyenda.

Su biografía oficial era una retahila de mentiras maravillosas y trampas cazabobos. Por supuesto que no descendía de Atahualpa como aseguraba manoseando los collares de oro y plata con que se presentaba a las entrevistas, por supuesto que no era sacerdotisa ni virgen del sol ni vestal sobreviviente o reencarnada, por supuesto que Moisés Vivanco no esperó a que ella tuviese 20 años para desposarla, por supuesto que no había nacido en 1927 y por supuesto que no se llamaba Ima Súmac.
Había nacido en Cajamarca en 1922, había pastoreado en Ichocán y había sido descubierta en una función musical escolar por un folklorista cazafortunas que la sedujo tempranamente, le cambió el nombre y las maneras, la emparentó con la dinastía que terminó en Atahualpa y la lanzó a la fama de los cuatro vientos más como una ave canora que como la mujer prodigiosa que era.
Ese folklorista que la hizo mujer en plena minoría de edad y la construyó mito sobre mito se llamó Moisés Vivanco y con él –y también gracias a él- la diva de la voz de oro llegó a Hollywood, se hizo rica y famosa, protagonizó la espantosa película “Secreto de los incas” (con Charlton Heston y otras ruinas), deslumbró a la crítica con el registro de estalactita de su voz y puso sus manos de peruana única en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.

Por los años 50, Ima Súmac –nacida Zoila Chávarri del Castillo- era una de las engreidas del sello “Capitol” y no había año que no lanzase un éxito destinado a dejar boquiabiertos a quienes adoraban sus coloraturas de ave amatoria (o de “soprano alada”, como gustaba que la llamaran).
En los 60, sin embargo, llegaron los tiempos de borrasca. Moisés Vivanco tuvo que fugar de los Estados Unidos por haber evadido el pago de impuestos y a la pena de esa separación Ima Súmac sumó una noticia que envenenó para siempre esa relación: su creador y empresario, su marido y contador, había tenido hijos gemelos con la secretaria que ella había saludado cada mañana de los últimos años.
Para esa época, el primer hijo de la cantante –Papuchka Charlie- tenía diez años de edad.
Una gira por Europa y Rusia –invitada por el propio Nikita Kruschev, es cierto- reunió artificialmente a la pareja, que terminaría separándose definitivamente en 1965. Vivanco se fue a terminar de envejecer a España y la cantante continuó su carrera en los Estados Unidos. Tendría todavía algunos éxitos clamorosos, incluyendo el tardío LP “Miracles”, una vasta recopilación de sus mayores hazañas canoras que se lanzó al mercado en 1972.
Hace dos años estuvo en el Perú para ser condecorada por el gobierno de Toledo y por la universidad de San Marcos. Venía después de 30 años gracias a una gestión de Miguel Molinari y se encontró con un país en el que sólo los muy viejos la reconocían. Aun así tuvo corazón para llorar ante esos aplausos que se habían demorado décadas.

Dicen que en el hotel donde se alojó los quince días furtivos que nos visitó, Ima Súmac pidió una radio a transistores porque quería comprobar si lo que le habían dicho era cierto: que en el país que había dejado (y no dejado) en 1944 –fue el año que se fue a Buenos Aires para cantar en Radio Belgrano- la música que invadía casi todo el dial era un combo de guitarras eléctricas y voces recién bajadas de los árboles, de cumbias rebajadas y letras sin ortografía, de chapulines y chapis y princesitas luciendo sayonaras y caries en clave de sol. Dicen que comprobó todo eso y se puso más triste de lo que había venido.
No era para menos.
medio: LA PRIMERA/ publicado: 4 DE NOVIEMBRE DE 2008/ fuente web: CÉSAR HILDEBRANDT.BLOGGER
23
Nov
08

columna: Adiós a la última diva, MIGUEL MOLINARI

YMA SÚMAC. LA VIMOS POR ÚLTIMA VEZ CUANDO REGRESÓ PARA RECIBIR TODAS LAS CONDECORACIONES QUE EL PAÍS LE DEBÍA. EL PRIMER SÁBADO DEL MES, ESTA LEGENDARIA MUJER DE VOZ MÁGICA NOS DEJÓ PARA SIEMPRE. JAMÁS LA OLVIDAREMOS.
Yma Súmac ha muerto. Esta noticia me despertó el lunes e inmediatamente vinieron a mi mente una serie de recuerdos que me llevaron al 2005 cuando inicié en mi humilde espacio televisivo una campaña pidiendo se le otorgue la Orden El Sol del Perú a nuestra gran diva. La campaña dio resultado y en enero del 2006 la prensa anunciaba la llegada al Perú de Yma Súmac, quien arribó a Lima el 2 de mayo y partió –para no volver más– el 16 del mismo mes.
En esos 14 días que duró su visita, el Gobierno le otorgó, en ceremonia realizada en el Palacio de Torre Tagle, la Orden el Sol del Perú; la Municipalidad de Lima la Medalla de la Ciudad; el Ministerio de Educación las Palmas Artísticas; el INC la Medalla de la Cultura; la Universidad Mayor de San Marcos la Medalla Jorge Basadre (entregada por primera vez), entre otras distinciones.
Fueron reconocimientos más que merecidos para alguien que con su voz prodigiosa, su fascinante personalidad y su inmenso arte había conquistado a todos los públicos del mundo.
Y Zoila fue Yma
Nació Yma Súmac el 10 de setiembre de 1922 en el Callao, según consta en su partida de nacimiento. Su padre fue Don Sixto Chavarri, quien se presentó al Consejo Provincial del Callao y registró a su hija como Zoila Emperatriz Chavarri Castillo.
Don Sixto había nacido en Cajamarca y conoció a la que sería su esposa, Doña Emilia Castillo en Pallasca, Ancash.

Yma Súmac estudió en el colegio Santa Teresa de Lima. Se acostumbró a escuchar buena música y pronto quiso estudiar canto. Muchas veces se le vio por la academia Alcedo tratando de conseguir una beca pero nunca pudo lograrlo: “Quiero estudiar pero cuesta tanto”, decía.
Moisés Vivanco había llegado a Lima desde Ayacucho con su conjunto folclórico. Un buen día mientras pasaba por la calle Pileta de La Merced escuchó una voz extraordinaria. Era la voz de Yma y como necesitaba una cantante para su conjunto, no dudó en subir a su casa para hablar con Don Sixto de sus intenciones, pero este se negó.
Poco después, Moisés conoció a las hermanas de Yma y, sin que su padre se enterara, comenzaron a acompañarla a los ensayos con Moisés Vivanco. Ese fue el inicio de lo que sería una de las sociedades más exitosas en la historia de la música.
De Lima al éxito
Luego de algunas actuaciones en Lima, Yma Súmac y Moisés Vivanco se casaron y en 1942 viajaron a grabar su primer disco a Buenos Aires, donde realizaron una serie de presentaciones en Radio Belgrado. Regresan a Lima y salieron de gira por Latinoamérica. Hacia finales de la década del cuarenta llegan a EE.UU. El comienzo no fue nada fácil. Moisés Vivanco recordaba que hasta tuvo que vender pescado en Nueva York para mantener a su familia.
La mala racha duró poco, sin embargo. Luego de la aparición de su primer disco en EE.UU. bajo el sello Capitol, en 1951, el mundo entero se rindió a los pies de la diva. Se vendieron más de 1 millón de copias de ese disco y ese mismo año cantó en el famoso Hollywod Bowl. En 1952 realizaron su primera gira por Europa y África, cobrando cifras fabulosas, debutaron en el Royal Albert Hall de Londres y el Royal Festival Hall ante la reina, y ofrecieron más de 80 conciertos solo en Londres. Ese mismo año ofrecieron 16 conciertos en París y, en 1953, realizaron su primera gira mundial. Al año siguiente, una segunda gira con apariciones en el Lejano Oriente los llevó a ofrecer conciertos en Persia, Afganistán, Pakistán, Birmania, Tailandia, Sumatra, Filipinas y Australia.

Su fama la llevaría a países como Grecia, Israel o Rusia donde fue por dos semanas y se quedó 6 meses ofreciendo conciertos fabulosos. Recibió distinciones de reyes y gobernantes y en Rusia nos cuentan que los soldados sobrevivientes de la segunda guerra mundial le regalaban sus condecoraciones como muestra de admiración.
Hizo películas en Hollywood con Charlton Heston, entre otras estrellas, y en México actuó al lado de Edith Piaf y Libertad Lamarque.
Toda la grandeza de su arte y su gloria quedan evidenciados en un hecho que sonará increíble para muchos: Cuando se presentó en el Teatro el Mikado en Japón, fueron teloneros de su espectáculo Frank Sinatra, Marlene Detrich y el Ballet Lido de París. Creo que no es necesario decir nada más.
autor: MIGUEL MOLINARI
medio: EL DOMINICAL de EL COMERCIO/ publicado: 9 DE NOVIEMBRE DE 2008
15
Nov
08

portada: reina y canora

03
Nov
08

nota: The Queen of Exotica (i.m.)

La gran Queen of Exotica, la canora peruana, ha partido, y la noticia es mundial. Ha muerto entre las grandes y como una grande, el primero de noviembre, día de todos los santos en el santoral católico. Un día después del de la canción criolla, un día después de que se cumpliesen treinta y cinco años de la partida de otra grande: Lucha Reyes.

Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo nació en El Callao en 1922, se crió en Ichocán (¡sí, Ichocán!), fue descubierta como una de las voces más privilegiadas de todos los tiempos para pasar a ser Ima Súmac (qu: “¡qué linda!“). Ya como Yma Súmac, participó en distintas producciones holliwoodenses sin dejar nunca su actividad lírica. Cajamarcaquina y peruana, sin duda la cantante de estas tierras que a mayor talla ha alcanzado.
La imagen inicial pertenece a El último ensayo de Yuyachkani, en el que “el homenaje a una diva es excusa para revisar la historia política del Perú” (La República, 20/4/2008). Vemos en esa primera imagen a dos Ymas confrontadas.

Cuando le preguntaron cómo quisiera ser recordada dijo:
  

“QUE YO HICE BUENA MÚSICA E HICE FELICES SUS CORAZONES” 

 

 

 

imagen 1: LA REPÚBLICA/ imagenes 2 y 3: YMA-SUMAC.COM
22
Oct
08

columna: Recordando a Belaunde Terry, CÉSAR HILDEBRANDT

No fui justo con Fernando Belaunde Terry. No fuimos justos. No le perdonamos nada.
Y ahora que la política peruana parece a veces un muladar es bueno recordar lo mejor del legado de Belaunde: su probada honradez, su incapacidad para la rapiña.
Belaunde murió en un departamento de 50,000 dólares que, años atrás, había comprado Violeta Correa, la compañera de toda la vida.
Belaunde había vendido su casa de Inca Rípac, en Jesús María, y había hecho lo mismo con su departamento playero en la playa La Honda. Parte de ese dinero se lo había ido gastando en pequeños gustos y con lo que quedó -más la ayuda de algunos populistas- había accedido a un departamento mesocrático, amoblado sin ninguna demasía.
Pero pasada su segunda presidencia, más que octogenario, vendió esa última propiedad, obtuvo por ella 90,000 dólares y repartió ese dinero entre sus tres hijos. Sabía que la muerte lo había empezado a rondar.
Por esos años, Violeta había recibido una escueta herencia. Con ese dinero –unos 50,000 dólares- compró el piso donde ambos vivirían lo que les quedaba de vida y donde ella se moriría –porque la muerte siempre es una traición- antes que Belaunde.
Dicen que Belaunde jamás pensó que sobreviviría a quien había sido la mujer que lo sacó de la pena y lo liberó de la sonrisita limeña. Dicen que quedó devastado y que miró la muerte como un modo de reunirse con Violeta. En el entierro de su mujer, el arreglo floral que le dedicó tenía encima una tarjeta sencilla con una sola frase escrita con caracteres de anuncio: “¡Espérame!”
De Belaunde se puede decir que no hizo esto y que omitió aquello, que permitió la proximidad de los PPK y las mañas de Ulloa y las representaciones de Rodríguez Pastor. Se puede decir también que “la conquista del Perú por los peruanos” sonaba a campanario antiguo y a tautología de bandera. Y hasta puede decirse que con Belaunde el arte de cerrar los ojos a la realidad adquirió ribetes de tragicomedia. Le sucedió cuando llamó abigeos a los guerrilleros de los 60 y cuando reincidió en algún adjetivo bandoleril en el momento en que Sendero asomó su sangrienta pezuña.
Pero también habría que decir –y no se dijo a tiempo, no lo supimos decir a tiempo- que Belaunde reivindicó la serenidad del centro, la naturalidad del justo medio, el pragmatismo tranquilo del sentido común. Porque este hombre de modales pensados y hablares de lavanda jamás fue tentado por ningún extremo. La mesura fue su gran pasión.
Y lo más importante: Belaunde no tocó un centavo del tesoro público, no se hizo rico en la presidencia de la República, no se ensució en contabilidades invisibles ni firmó declaraciones juradas plagadas de mentiras.
Y hoy que la política peruana consagra la impunidad y azuza el saqueo -desde los pollos de un pobre diablo llamado Anaya hasta los negocios de aguas servidas próximos a consumarse en lo de Taboada-, hoy es preciso decirle a los jóvenes que la política de este país supo también de gente decente que llegó al poder sin dinero y salió del poder sin dinero. Sin dinero pero con honor.
Y es bueno que lo escriba un periodista que fue implacable con Fernando Belaunde. Un periodista que hoy extraña a rabiar esa perseverancia en el decoro que hoy agiganta su figura.

nota NUNCA ESCRITA: A propósito del natalicio de Fernando Belaunde, ocurrido el 7 de octubre de 1912, y de cumplirse cuarenta años del golpe de 1968.



de vuelta al ruedo

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