Archivos para la Categoría 'historia'

08
Nov
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quinto: política ficción

EL COMPLICADO SISTEMA ELECTORAL INDIRECTO ESTADOUNIDENSE.
Finalmente, el senador demócrata por Íllinois Barack Obama, obtuvo la presidencia de los Estados Unidos de América, una república federal. Lo logró al asegurarse 364 votos electorales, frente a los 162 seguros de su contendor republicano John McCain. Sin embargo, si revisamos el voto popular, Obama obtuvo solo un estrecho margen de 6,11%.

Hace cuatro años, en una columna publicada en El Comercio (2/11/2004), el ex jefe de la Onpe y politólogo* Fernando Tuesta Soldevilla, a propósito de la disputa Kerry-Bush, cuestionaba: ¿Por qué quien obtenga más votos en las elecciones presidenciales estadounidenses no necesariamente deban ganar el puesto de mayor poder en el mundo?”. Es por la naturaleza particular del sistema norteamericano.
Explicaba Tuesta:
En Estados Unidos el ciudadano no vota directamente por un candidato a la presidencia. El sistema es de votación indirecta. El triunfo en la elección presidencial no es el producto de la suma de los votos de los ciudadanos, sino por la de llamados electores. Estos electores forman parte de una tradición constitucional estadounidense, llamada Colegio Electoral, y que se utilizaba en los inicios de la democracia en otros países. (…) A cada estado se le asigna un número de electores que es igual al número de representantes (equivalente a diputados) y senadores. En total suman 538 incluidos los tres del Distrito de Columbia. El partido que gana -así sea por voto- obtiene todas las bancadas de los electores en dicho estado. No se reparten proporcionalmente. Por ello matemáticamente un partido puede tener un mayor número de votos en todo el país y, sin embargo, no haber ganado un suficiente número de electores. Estos 538 se reúnen en diciembre en cada estado y votan por los candidatos presidenciales. Gana el candidato que obtiene por lo menos 270 votos. (…) Esta particular forma de elección, que para algunos puede parecer incluso injusta, solo la tenemos en EE.UU.
En la República Peruana, la primera constitución –que nunca rigió plenamente- establecía colegios de parroquia en los que se reuniesen los ciudadanos para designar a sus electores (uno por cada doscientos ciudadanos;); se deberían reunir luego los colegios electorales de provincia, en los que los electores votasen por los diputados al Congreso unicameral (uno por cada dos mil almas**), por los miembros del Senado Conservador y por los diputados departamentales. Le correspondía al Congreso elegir al ciudadano presidente. Según anota Marcial Rubio, vicerrector académico de la PUCP, desde la Constitución de 1828 y “hasta antes de la Constitución de 1856, el presidente de la República era elegido por colegios electorales, es decir, en forma indirecta. A partir de ella y sin marcha atrás posterior, se estableció el sufragio directo***. Hasta la carta de 1979, cuando se introduce la figura de la segunda vuelta, “si no se cumplía con los requisitos mínimos de votación exigidos, la votación la hacía el Congreso de la República***. Recuérdese la elección que se iba a realizar el 28 de julio de 1962.

Para hacer un interesante ejercicio de política ficción (pol-fi), podemos aplicar los principios del sistema estadounidense a los resultados la lección presidencial peruana de 2006 en segunda vuelta. Imaginemos entonces que, como en los ‘Yunáites‘, para elegir a un presidente debiéramos convocar a otro Congreso con ese único fin. Alan García obtuvo mayoría en los distritos electorales de: Áncash, Callao, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Pasco, Piura, Tumbes y Ucayali (apenas 10 de 25 circunscripciones); mientras Ollanta Humala la obtuvo en: Amazonas, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Junín, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Puno, San Martín y Tacna. Dadas estas estadísticas, García habría alcanzado 72 electores cuando solo hubiera necesitado 61. El Dr. García habría podido no hacer campaña en las quince regiones que ganó Humala e inclusive perder en Pasco o en Ucayali o en Áncash, y aún así se habría hecho del sillón de Pizarro. En cambio, es seguro que García Pérez no habría podido ganar en nuestro sistema sin todos aquellos votos que obtuvo en esas quince circunscripciones, sobre todo si tomamos en cuenta lo disputado de la elección (52,625% – 47,375%).

El sistema, con más de doscientos años a cuestas, tiene entre las ideas que le dan forma el darle protagonismo a los estados que conforman la llamada Unión Americana. Tuesta concluía: “Pero si bien es un sistema que ha funcionado bien históricamente, sin embargo, si vuelve a ocurrir igual que en el 2000, en donde Bush ganó en número de electores, más no fue favorecido por el voto popular, puede pasar a ser un sistema que empiece a ser ya no un elemento estabilizador, sino perturbador”. Yo, por mi parte, creo firmemente en la simpleza de “un ciudadano – un voto”.
nota NN: * Uso “politólogo” porque está presente en el DRAE, pero coincido con Marco Aurelio Denegri en tanto dicha palabra es etimológicamente un mamarracho, lo correcto sería “politicólogo“./ ** Artículo 41º de la Constitución de 1823./ *** Enciclopedia Temática del Perú, TOMO IV: Organización del Estado, Marcial Rubio Correa. Lima, Orbis Ventures, 2004.
22
Oct
08

columna: Haya de la Torre y Velasco Alvarado según García, NELSON MANRIQUE

En su libro La revolución constructiva del aprismo. Teoría y práctica de la modernidad (Lima, 2008), Alan García busca demostrar que su viraje hacia el neoliberalismo constituye un retorno hacia las verdaderas posiciones de Haya de la Torre.
Argumenta García que Haya de la Torre era un abierto enemigo de las reformas de Velasco Alvarado, mientras que los apristas -en primera línea Alan García- cometieron el error de leer la revolución militar como la “realización de lo que había propuesto el Apra desde 1931“.
Esto habría llevado a que “adoptaran como propias las estatizaciones, el modelo colectivista en la agricultura y el manejo estatal del comercio de muchos servicios y bienes” (104-105). El resultado fue que se compraron el proyecto de Velasco Alvarado, un modelo y conceptos que eran “totalmente ajenos a la ideología de Haya y su trabajo dialéctico”. Así, el primer gobierno de Alan García “resultó más velasquista que hayista” (108). García reniega hoy de su apostasía y enmienda rumbos virando hacia el sano neoliberalismo.

En verdad, Haya de la Torre sostuvo públicamente posiciones contrarias a lo que afirma Alan García. En febrero de 1970, en el Día de la Fraternidad, reclamó la paternidad intelectual de las reformas que realizaban los militares, protestando porque estos no reconocían la deuda intelectual que le tenían: “Debemos estar insatisfechos porque no es manera, aceleradamente y furtivamente, de llevar esas ideas adelante y de esconderlas, sobre todo ocultando su origen y procedencia (“75 años en la vida de un líder”. Diario La Prensa. 7 Días del Perú y del Mundo. Nº 609, 22 de febrero de 1970). Lo mismo sostenía un año después: “nosotros estamos de acuerdo con una sana transformación del Perú, con un cambio que preconizamos siempre y por el cual fuimos perseguidos y se nos dijo extremistas, desleales y hasta antiperuanos” (“Por pedir lo que ahora se hace, fuimos perseguidos y acosados, afirma Haya”. Última Hora. Suplemento Político Sábado, 20 de febrero de 1971). Siguiendo su propio razonamiento, Alan García, al ser “velasquista” durante su primer gobierno, era pues ortodoxamente hayista.

Alan García presenta hoy a Haya, además de profeta, como un precursor del entreguismo neoliberal. Pero es injusto endilgar a Haya claudicaciones de las que solo él debería responder: “Seamos sinceros -declaraba Haya-: todo esto va en transición hacia un futuro de socialismo; pero mientras tanto los capitalistas tienen derechos” (“Lo que no dijo Haya de la Torre (Primera Parte)”. Caretas. Nº 431, marzo 3 de diciembre de 1971).
medio: PERÚ 21/ publicado: 7 DE ABRIL DE 2008
22
Oct
08

rebote: Protagonistas de la época, HENRY PEASE, PERÚ 21

Hoy, 9 de octubre, se cumplen cuarenta años de la ocupación de Talara y La Brea-Pariñas a la IPC. La fecha fue conmemorada durante el velascato como el “Día de la Dignidad Nacional”; con el tiempo, el feriado pasó al 8, día del combate de Angamos. Sobre el velascato, reproduzco fragmentos de una entrevista dada por Henry Pease a Perú 21.

Algunos estudios señalan que en 1968 la Fuerza Armada se sentía frustrada porque (…) los políticos se negaban a hacer los cambios que el país reclamaba. – Eso lo he oído muchas veces y es cierto. Aquella generación de oficiales sí tenía una presencia nacional. No estaban sentados en Lima. (…)
Al gobierno de Belaunde lo desestabilizaron a punta de censuras (a los ministros) hasta hundirlo. El Legislativo –controlado por la coalición Apra-UNO– fue atenazando e impidiendo la reforma agraria. Eso fue clave en el desgaste, aunque lo que más impactó fue la pérdida de la página once del contrato con la IPC.

(…) ¿Qué fue para usted el régimen de Velasco? – Un gobierno de militares y clases medias que se propuso tomar en serio la reforma. Yo lo he llamado el tercer reformismo del siglo XX. El primero fue el aprista, el segundo fue el belaundista, pero ambos fracasaron frente al poder oligárquico (…) Perón era un líder de masas. Pero Velasco no lo era.

¿Qué era Velasco? – Su primer discurso fue uno leído que decía ’sudaremos y sudaremos para salvar al país’. (…) los militares se refugiaron en su institucionalidad para armar desde allí el cambio. Y eso tiene limitaciones. Yo no tengo dudas de que las reformas tenían efectos democráticos, pero no eran democratizadoras en el sentido político de la palabra, sino en el sentido social. (…)
Velasco solía decir que la ‘revolución peruana’ era irreversible, (…) ¿Por qué lo irreversible fracasó? – Porque siempre somos capaces de hacer las cosas peor de lo que ya se hicieron (ríe). Además, ¿quiénes tenían esa voluntad de reforma? No fue la Fuerza Armada, sino un núcleo de ella. (…)
¿Y cuál es su impresión hoy de aquella reforma agraria velasquista? – Yo hago solo una pregunta. ¿Qué hubiera pasado en el Perú si aparecía Abimael Guzmán antes de la reforma agraria? ¿Qué habría pasado si cualquier famoso gamonal hubiese sido ajusticiado por estos de Sendero? ¿No se hubieran convertido en líderes de masas? Yo no digo que la historia se pueda escribir para atrás, pero acá todo se le quiere ver en orden ideológico. Entender las cosas es comprenderlas en su tiempo. (…)
¿Qué tan antiimperialista fue el régimen militar? – En nuestro caso fue la experiencia más contundente (…) En los años veinte el tema antiimperialista fue clave en Mariátegui y Haya, pero ese debate radical no se repitió así en los sesenta. El imperialismo en los sesenta se cosifica en la IPC. Ese era el símbolo.
¿La confiscación de los diarios en 1974 fue el mayor error del velasquismo? – Fue un grave error. No sé si el mayor, pero fue uno de los graves errores. (…) Lo que se pretendió resultó siendo todo un sancochado peor de lo que había.
(…) ¿Acaso la competencia era posible cuando había gamonales? No, pues. El gamonal mataba, excluía, reprimía o encarcelaba a quien fuera a competir con él. (…)

¿Cómo se explica la aparición del general Francisco Morales Bermúdez? – Morales Bermúdez es producto de la crisis en los militares, que se da por la agudización de las contradicciones entre ellos, pero con un factor clave: la enfermedad de Velasco. Ese fue el principio del fin.(…) Si antes en el gobierno de Belaunde se enfrentaban dos poderes del Estado, los enfrentamientos en el gobierno militar eran dentro del Consejo de Ministros.
(…) [Velasco] vivió y murió pobre. Tuvo un enorme poder y no se quedó con nada. (…) Es verdad que ni estaban preparados para entender valores democráticos centrales ni los expresaron, pero estaban muy seguros de una cuestión previa: para hablar de ciudadanía yo tengo que hablar de relaciones sociales más iguales. Al mismo tiempo, no puedo coger a un personaje de mediados del siglo XX y convertirlo en una propuesta para el siglo XXI (…)
¿Siente usted que se ha sido muy injusto con la figura de Velasco? – No, porque ese es el destino que han tenido en el Perú todas las figuras. Ese ha sido el destino de Leguía y de Odría (…) pero ha sido el destino de la mayoría de personas probas también. (…)
Dígame, ¿usted cree que en estos cuarenta años el Perú ha mejorado? – Yo creo que por muchas razones el Perú ha mejorado. (…) Todavía faltan muchos elementos de integración, pero el gobierno militar tuvo la capacidad de cancelar el orden viejo y tuvo muchas limitaciones para construir el orden nuevo. (…) preguntas incómodas que no debemos dejar de hacernos, como: ¿por qué un partido como el Apra pactó con Prado y con Odría?, ¿por qué fue imposible que pactarán Haya y Belaunde? (…) Por el caudillismo. Porque los caudillos no pueden aliarse y menos puede uno aliarse con el que es más joven y que le va a perdurar. Pero creo que esa es solo una dimensión de la respuesta. Hay que buscar las demás.
AUTOR: MICHAEL A. ZÁRATE/ ENTREVISTADO: HENRY PEASE/ MEDIO: PERÚ 21/ PUBLICADO: 28 DE SETIEMBRE DE 2008
22
Oct
08

columna: Recordando a Belaunde Terry, CÉSAR HILDEBRANDT

No fui justo con Fernando Belaunde Terry. No fuimos justos. No le perdonamos nada.
Y ahora que la política peruana parece a veces un muladar es bueno recordar lo mejor del legado de Belaunde: su probada honradez, su incapacidad para la rapiña.
Belaunde murió en un departamento de 50,000 dólares que, años atrás, había comprado Violeta Correa, la compañera de toda la vida.
Belaunde había vendido su casa de Inca Rípac, en Jesús María, y había hecho lo mismo con su departamento playero en la playa La Honda. Parte de ese dinero se lo había ido gastando en pequeños gustos y con lo que quedó -más la ayuda de algunos populistas- había accedido a un departamento mesocrático, amoblado sin ninguna demasía.
Pero pasada su segunda presidencia, más que octogenario, vendió esa última propiedad, obtuvo por ella 90,000 dólares y repartió ese dinero entre sus tres hijos. Sabía que la muerte lo había empezado a rondar.
Por esos años, Violeta había recibido una escueta herencia. Con ese dinero –unos 50,000 dólares- compró el piso donde ambos vivirían lo que les quedaba de vida y donde ella se moriría –porque la muerte siempre es una traición- antes que Belaunde.
Dicen que Belaunde jamás pensó que sobreviviría a quien había sido la mujer que lo sacó de la pena y lo liberó de la sonrisita limeña. Dicen que quedó devastado y que miró la muerte como un modo de reunirse con Violeta. En el entierro de su mujer, el arreglo floral que le dedicó tenía encima una tarjeta sencilla con una sola frase escrita con caracteres de anuncio: “¡Espérame!”
De Belaunde se puede decir que no hizo esto y que omitió aquello, que permitió la proximidad de los PPK y las mañas de Ulloa y las representaciones de Rodríguez Pastor. Se puede decir también que “la conquista del Perú por los peruanos” sonaba a campanario antiguo y a tautología de bandera. Y hasta puede decirse que con Belaunde el arte de cerrar los ojos a la realidad adquirió ribetes de tragicomedia. Le sucedió cuando llamó abigeos a los guerrilleros de los 60 y cuando reincidió en algún adjetivo bandoleril en el momento en que Sendero asomó su sangrienta pezuña.
Pero también habría que decir –y no se dijo a tiempo, no lo supimos decir a tiempo- que Belaunde reivindicó la serenidad del centro, la naturalidad del justo medio, el pragmatismo tranquilo del sentido común. Porque este hombre de modales pensados y hablares de lavanda jamás fue tentado por ningún extremo. La mesura fue su gran pasión.
Y lo más importante: Belaunde no tocó un centavo del tesoro público, no se hizo rico en la presidencia de la República, no se ensució en contabilidades invisibles ni firmó declaraciones juradas plagadas de mentiras.
Y hoy que la política peruana consagra la impunidad y azuza el saqueo -desde los pollos de un pobre diablo llamado Anaya hasta los negocios de aguas servidas próximos a consumarse en lo de Taboada-, hoy es preciso decirle a los jóvenes que la política de este país supo también de gente decente que llegó al poder sin dinero y salió del poder sin dinero. Sin dinero pero con honor.
Y es bueno que lo escriba un periodista que fue implacable con Fernando Belaunde. Un periodista que hoy extraña a rabiar esa perseverancia en el decoro que hoy agiganta su figura.

nota NUNCA ESCRITA: A propósito del natalicio de Fernando Belaunde, ocurrido el 7 de octubre de 1912, y de cumplirse cuarenta años del golpe de 1968.



de vuelta al ruedo

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